Nadie

Como era habitual, pensaba que nadie lo escuchaba, que sus palabras eran como ese grano de arena que, empujado por la brisa de una tarde de verano, va a morir al mar sin que apenas nadie se dé cuenta. Sonidos que penetran oídos, pero a los que nadie presta atención, como el sonido de la lluvia que cae sobre los cristales, como el crujir de una hoja seca, en otro tiempo verde y llena de vida, al ser pisada por alguien que camina con prisa, como el canto, o quizá lamento, de un pájaro en la distancia.

Imagen: Arm of the Seine near Vetheuil – Claude Oscar MONET

Texto: Goretti Fraga

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